Entry: La cadena Friday, September 04, 2009



Erase una vez una chica feliz a la que le gustaban las fiestas, reuniones sociales y eventos donde pudiera mostrar su belleza y sentido de decencia social. Ella siempre acudia a los antros con vestimenta apropiada y lograba acceder sin tener que hacer filas ni exigir al guarura de puerta o pagar mas de la cuenta. Casi una socialité.

Una de esas noches, socialité en llamas conoció un muchacho que le robó el aliento -alcohólico- del momento. Era guapo, alto y bien vestido, todo lo necesario para una chica como ella, que trato de captar su atención por todos los medios, pero él solo se concentraba cada vez mas en su vasito de alcohol.

Socialité no supo como logro iniciar una conversación de toques romanticos con él pero sintió que flotaba entre nubes en el momento que lo vio sonreirle de manera coqueta. Quiso llevar todo mas allá del antro, mas allá de las cervezas y tragos. Socialité apartó a su conquista de la multitud e intentó seducirlo. Cuando ya no soportó más el estar frente a su conquista sin interacción manual o bucal, ella intentó besarlo.

Galán apartó la cara y se disculpó cortesmente. Socialité estaba en shock. Jamás en su vida alguno le había negado un beso ni mucho más. Preguntó porqué.

Él no le dio detalles pero se alejó de ella y Socialité, deprimida como estaba, no volvió a ligar durante toda la noche.

Días después Socialité se enteró de una noticia que la dejó helada.

El galán tenía un par de semanas de haber cortado con su última novia. La razón era que él había descubierto que la novia tenía un amante. El amante, a su vez; tenía un joven novio a quién su pareja ocasional acababa de informarle que su última prueba de VIH había salido positiva.

Galán temía ser portador del VIH pero para estar seguro debía esperar al menos seis meses para realizarse una prueba y conocer la verdad. Mientras tanto, trataba de vivir como podía, lo menos nervioso y asustado posible y no tenía ánimo para tener sexo con nadie.

Cuando Socialité se enteró no pudo articular palabra. Si esa noche se hubiera acostado con Galán, ahora estaría sufriendo las consecuencias de un posible contagio de uno de los virus más peligrosos. Tal vez ni siquiera lo sabría e iría por la vida contagiando a más personas.

Socialité y Galán aprendieron sus respectivas lecciones ese día, lecciones para la vida. Y ahora no sólo se protegen, también evitan engancharse en relaciones pasajeras o de alto riesgo. Nunca se sabe qué eslabón de la cadena tendrás frente a ti.

 

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